domingo, 9 de octubre de 2016

Sifones.


Leyendo una nota sobre sifones me acuerdo que cuando era chico existian una cantidad de mitos y temores que rodeaban esta bebida. Todos construidos en la peligrosidad que cada sifón poseía intrínsecamente , como un cartucho de dinamita vencido e inestable a punto de estallar al primer sacudon.
Sus gruesos vidrios parece que no podían contener tanta energia burbujeante, por eso el sifón había que llevarlo con respeto, nada de agitarlo, parecía que hasta una mirada dura podía hacerlo estallar. 
Y pobre de uno si se le resbalaba de las manos con destino al piso baldosiento de la cocina...Estabas frito entonces!... no había salvación posible.
Una lluvia de vidrios desgarraría tu carne hasta hacerte morir desangrado. 

Cuantos temores...

A cambio de esto revolee varias veces el sifón en aquellos años.
Cuando volvía del almacencito de la Pupe en la calle Sarmiento , por ejemplo, solía ir llevándolo a los saltos, agitarlo para que el chorro saliera con mas fuerza, rebotara en el fondo del vaso y mojara a mis hermanas.
Total la culpa del desastre sería de ellas. Pero agitarlo no hizo que ocurriera ninguna explosión.
 Sabían en mi casa lo que hacía, entonces recrudecían con mas energia las historias de lo dañino y jodido que era si explotaba. Inútilmente, ya que no cesaba en mi manejo irresponsable.. 
Hasta que un día,,, agitándolo por demás...se me cayó al piso.....Hubo un silencio solo cortado por el chisporroteo del vidrio patinando sobre las baldosas...clinc, clanc..solo eso...de explosión...nada!.
Y entonces definitivamente, el sifon perdió todo mi respeto.
Despues vino el agua mineral con gas, y los sifones de plástico, y se acabo la joda.


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