jueves, 19 de mayo de 2011

Un disparo

En aquel pueblo las cosas eran bien diferentes. Los niños nacían con los privilegios de todo niño. Duraban toda la vida y eso no era lo extraño.
Lo extraño era que entre esos privilegios los nacientes allí tenían uno que era especial.
Todos tenían derecho a un disparo.
Era algo que recién podían ejercer al alcanzar la mayoría de edad. Estaba terminantemente prohibido hacer uso de él antes de eso. La desobediencia se pagaba como en cualquier lugar del mundo. Pero por alguna razón nadie desobedecía. Nunca se supo de donde venia semejante costumbre y tampoco era importante saber.
Al llegar a la edad madura el poder ejercer tamaña responsabilidad los volvía importantes y vanidosos. Pero nada mas. Con el tiempo habían aprendido de la importancia de usar ese disparo de manera correcta.
Un disparo que podían dar sin esperar discusiones ni explicaciones.
Un disparo que podían recibir sin argumentaciones ni disculpas.
Entonces misteriosamente los adultos se cuidaban mucho de ofender a otro. En ese lugar nadie mentía, no había robos, nadie miraba con lujuria la mujer ajena y por ello no había infidelidades, tampoco saqueos, estafas o decepciones. Todas las higueras ajenas eran respetadas.
Nadie se frustraba y todos querían dejar contentos al otro. Los amores duraban para siempre y no existía el divorcio. Todos los hijos tenían papa y mama, salvo catástrofes naturales. A ningún varón se le ocurriría fugarse luego de algún desliz sentimental. Jamás se vio una novia plantada en ningún altar. A la mañana todos decían “buen día”, y a la noche “buenas noches”. No se olvidaban ni siquiera de decir “salud” ante un simple estornudo. Los curas era curas y célibes y los médicos se esmeraban en estudiar mucho para no cometer negligencias medicas. La basura se sacaba en la propia vereda y todos los autos tenían autostereo.
Los precios jamás aumentaban, siempre había góndolas llenas de todo lo imaginable, los impuestos se pagaban y los taxis nunca se escapaban con valijas ajenas ni daban vuelta en redondo.
La televisión temblaba…a veces no sabia como conservarse entera. Si bien muchos usaron ese disparo contra su viejo 20 pulgadas, no se conoce que hayan disparado a algún productor o a algún actor que hiciera de malo. Las actividades culturales dejaban satisfechos a todos haciendo que el público siempre aplaudiera a rabiar y cada propuesta de matrimonio terminaba en un si. Y ellas también se la hacían a ellos.
Una paz increíble llenaba de perfección y flores a esa ciudad.
Los gobernantes cumplían a rajatabla.
Si bien se vivía con un poquito de temor, eso no era importante ante los resultados obtenidos.
.
Y todo por un privilegio que tiene los niños al nacer y dura toda la vida.
Un disparo, solo el privilegio de un disparo que no seria castigado jamás y dirigido a quien uno quisiera, logró extrañamente una sociedad perfecta.
Uno que jamás se hizo.
Mientras tanto, Dios desde arriba sonreía satisfecho.
...Como si el hubiera tenido algo que ver.

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