miércoles, 14 de noviembre de 2007

Una nochecita a los saltos.




Una de las pruebas que conocíamos de antemano y que mas temía, era la relacionada al estado físico. A veces la edad, la vida sedentaria a la que estámos obligados, nos vuelven lentos y poco ágiles. Sabíamos que en algún momento una pista de entrenamiento nos estaría esperando. Y una noche bien oscura fuimos hacia ella.
Cada una de estas incursiones nocturnas, como las próximas, serian realizadas dentro del máximo misterio. Pertenecían a una zona sombreada, en donde nada se aclaraba, inserta en la agenda de actividades que nos habían dado.
Esa zona gris seria nuestra pesadilla.
Luego de cenar, un bus nos estaba esperando. Un viaje corto nos alcanzó hasta otro cuartel, donde la negra boca de la noche solo se abría para dejar entrever paredes, troncos y tanques. El total de los periodistas estábamos divididos en 3 grupos, el mío, el 2, era bueno. Los grupos estaban armados contemplando la mezcla de hombres y mujeres. Al juntarnos, al pie del primer obstáculo se nos explicó lo importante del compañerismo. El ayudar, el no abandonar a un compañero en alguna pared difícil de subir. En estar atento a seguir juntos. Todo el curso se insistió con ese concepto de grupo y ayuda. Y esta noche empezaríamos a ejercitarlo.
El primer obstáculo era simple, apenas una parecita, había que saltarla y seguir avanzando, nada de uso de linterna, con casco colocado, mochila y mascara antigas colgada en su funda.
Arrancamos,…fácil…vamos bien… Mm.… pero aquel muro ya no parece tan bajito…y aquellos troncos…y esa tabla a dos metros de altura no parece fácil……mmm… ¿podremos?
De pronto un pozo cuadrado, oscuro, de dos metros de profundidad se presentó ante nosotros. Había que meterse…y después salir. De a dos fuimos entrando, la salida a veces era ayudada por el compañero. Algunas chicas tuvieron que ser asistidas en varias oportunidades con la tecnica de "pata de gallina"...lo que aqui diriamos..haceme la pata.., otras parecían la nieta de Rambo de vacaciones en el Trópico. Durante 1 ½ hs nos colgamos de troncos, hicimos equilibrios en perfiles de tablas, nos sumergimos en un pozo oscuro, trepamos paredes de diferentes alturas y el broche de oro fue el cuerpo a tierra, bien pegados al piso durante casi 40 metros. Eso….nos mató.
Los alambres, muy bajos que debíamos pasar, se trababan en la mochila. Pero todos lo lograron. Incluido yo.
Volvimos al centro. Nos duchamos y nos fuimos por unas cervezas a la cantina.
Sorprendido el cantinero escucho nuestro primer pedido:
-Tiene Ratisalil?
Y después las cervezas.

5 comentarios:

Mariposa... dijo...

mierda que tenea pa contar! por que no me llevastes ahi...me hubiera echo bien.....
haber si comès vos guiso....

Sol dijo...

Wow, sí que les sacaron la mugre! Pero qué linda experiencia, no? Diferente definitivamente. Me encanta que la hayas pasado tan bien.

Un abrazo grande. Y después las cervezas. ;)

La Incondicional dijo...

Y pensar que, cuando me dijiste que te ibas, tuve ganas de ir yo también. Menos mal que me quedé en casa, ja!!!

capitanfla dijo...

=D

viky dijo...

Que bueno, no!!!?!!!! yo creo que tendrias que copiar la idea de los circuitos de entrenamiento y comercializarlo en Bariloche... estudianes, extranjeros, creo que tendrias bastante mercado! pensa que los que se van de aca quieren la aventura del 3ª mundo!