martes, 3 de julio de 2007

Mamá querida


A veces me resisto a ingresar en mi propia historia. Develar dolores, broncas, y lo peor.. no saber que hacer con ellas. Algunos de los que llegan hasta aquí saben que vivo con mi hija. No es mi única hija, un varón vive con su abuelo, contento de cuidarlo ya que él es mayor y ambos realmente hacen un buen equipo.
Pero yo vivo con Sol.
Algunos tal vez tengan la edad de ella, sabrán entonces de unos 18 años intempestivos, irrenunciables a convicciones exageradamente importantes, dueña de sueños que terminan despertados a golpes de realidad. Aun así es la parte natural de ese proceso, que como por un puente te arroja a las tierras de la madurez. Y ese puente esta bien que lo cruce lentamente, ya habrá tiempo de apurar la marcha.
Hace un año que esta conmigo. Llegó después de un silencio largo y dolorido, de no poder creer lo evidente y de lidiar con una desilusión cruel que la tuvo incapaz de comprender durante mucho tiempo. Los sicólogos renunciaban, o ella renunciaba a ellos. No sé, pero no duraban. Yo le hablaba por las mañana cuando el sueño evasor no quería soltarla o cuando las madrugadas la devolvían a casa después de buscar contención en sus amigas. A veces le costaba mirarme, contarme, abrirse. Pero yo esperaba el momento de la luz.
Cuando por fin, después de mil palabras, pudiera elaborar la atroz puñalada que su madre le infirió.
Vivian todos juntos en una casa. La madre, mis hijos, un marido joven y una niña producto del último matrimonio de mi ex.
No era muy fácil, los míos son bravos, no se someten fácilmente y si aunamos esto a que G. (mi ex a partir de aquí) no tiene un centímetro de autoridad, todo estaba desbocado. Y si sumamos que su marido, 15 años menor, no tenía porque bancarse vivir con dos adolescente y el riesgo de su fuga era alto, mejor era decirles a los chicos que si a todo para evitar conflictos.
Así vivían. Creían que todo iba bien. Una familia de las nuevas, con lazos no unidos por la sangre sino por la elección. Por la elección de la madre, únicamente.
El marido de G es un mediocre. Apenas lleva algo para los garbanzos del mediodía. G., una profesional, para la olla como puede. Yo acercaba mi cuota alimentaria, pero era sabido que las mas de las veces no alcanzaba. El mediocre marido de G. se conformaba con un trabajito de 4 hs de preceptor. Más de 30 tiene el marido de G…acaso... ¿Hasta cuando la va a llevar de preceptor?
No me metía, me pedía cada vez mas cuota alimentaría, no podía, pero no me metía.
Siempre estaba a punto de dudar si mi dinero no servia también para cubrir aquello que el marido de G. no cubría. Y además entre G. y él habían tenido una nena.
Ya con 5 años la nena era muy inteligente, al menos eso parecía. Y si esto no puedo afirmarlo es porque G. jamás me dejo acercarme a ella. No quería que la conociera, o que ella me conociera. A veces cuando con Sol íbamos a Jumbo le compraba algunas pavaditas para que le regale a su hermanita. Me conmovía saber que mi hija tenia un hermanita y eso me traía recuerdos de la propia Sol a los 5 años. Demasiado sensible, tal vez. Pero los regalos le llegaban a la nenita como donante anónimo. Jamás le dijeron que era yo quien se los mandaba.
Insisto, acercarme a ella estaba prohibido por la madre.
Una tarde, como muchas, me junté con mis hijos a boludear por ahí. Dimos unas vueltas por Lomas y los note raros. Silenciosos, dramáticos, negativos, a punto de estallar.
No entre ellos, no conmigo, sino con la vida.
Que pasa, pregunte una vez.
-Nada.
Al rato...
-Que pasa?
-Nada, dijeron nuevamente.
A las dos cuadras de la última interrogación los arrinconé contra una pared e insistí esta vez con más fuerza-
-Que carajo les pasa?
-No ves que no te queremos contar….respondieron
No iba quedar así...y finalmente me enteré.
El marido de G. tiene un teléfono con cámara.
Nada extraño, o si, porque con lo que gana no es muy probable que tenga uno. Pero lo tiene.
Y saca fotos. Le gusta sacar fotos. Especialmente mientras G. se la chupa.
Y le gusta ponerlas en la computadora.
Especialmente en la que usa Sol.
Y Sol las vio.

Abandonaron a la madre en cuestión de días. Los dos se fueron, el varón con su abuelo (papá de G., nada sabe, ni se atreve a preguntar) y la niña conmigo.
Fueron días difíciles. De violencia contenida. Siempre a punto de ir a matar a ese imbecil, de denunciarlo, de hostigarlo.
Pero a la que había que denunciar no era a ese pobre abusador.
Había que denunciar a la madre.
Nunca le creyó a su hija.
El terror del abandono hizo que se pusiera del lado de él. Parece que los pitos jóvenes enloquecen a las cuarentonas. O tal vez sea una pobre alma siempre dispuesta a perder, a fracasar, lo que la haga aferrarse a este sujeto.
No hubo forma...G. no le creyó a su hija, a pesar de verla irse, de perderla, de saber que lloraba por las noches, que no podía con ella misma, que se había vuelto agresiva, que repitió, que se quebró, con 17 años.
G. hoy sigue con ese idiota. Los chicos, por cuestiones de naturaleza que no entiendo, han acercádose de nuevo a su madre. Nunca cuando esta él. Creo que el cariño de una madre o de un padre hay que ganarlo, no es un regalo, hay que trabajar para ello. Por eso yo jamás la hubiera perdonado como hija, y tampoco lo hago como ex esposo.
Hoy Sol esta mejor, tiene un buen trabajo, ya no recuerda las imágenes de su madre con la boca entre las piernas de su marido. Si bien siempre estarán por algún lado de su mente, creo que haberla contenido, escuchado o permitir alguna reacción dolorosa sirvió para que hoy esté mejor.
Su madre aun suele decirles a sus amigas que no soy un buen padre, y mentir que no le pasaba plata. Pero sobre su abandono, ni una palabra le dijo a nadie.
Seguirá siendo la pobre G, la que abandoné, la que maltraté solo por no amarla el tiempo que ella quiso, pero injustamente jamás será recordada como la pésima madre que abandonó a su hija por una bragueta joven. Temerosa de la soledad y sumisa como una vulgar esclava. Mientras, nosotros tres, seguimos tratando de ser una familia unida.
Y lo logramos.

4 comentarios:

Mariposa... dijo...

No puedo evitar llorar Fabiàn...no puedo...te felicito como papà...puedo entender a Sol...vos sabràs minimanente por què...ojalà mi papà hubiese sido asi....pensar que mi destino serìa otro...y tu ayudastes a tu hija a seguir un camino..."el del amor".Es impagable....
còmo puedo abrazarte en la distancia? dìmelo....

Manón dijo...

siga escuchando aún donde no se pueden poner palabras,

saludos.

Anónimo dijo...

Yo ya no me resisto a ingresar en mi propia historia. Es mía, es mi pasado, es lo que me permitió llegar a ser la persona que hoy soy, y que, pese a todo el camino que me queda por recorrer, me gusta.
A veces no es fácil. Pero últimamente recibí muchos mimos de personas queridas, y eso me hizo pensar que lo que estoy haciendo no está del todo mal.
A veces la memoria me falla (no sé si es autopreservación o el turro del alemán). Otras, los recuerdos se agolpan en mi cabeza y me dan un mazazo del que me cuesta reponerme. Pero hasta ahora no pudieron voltearme.
Lo que sí tengo en claro es que la bronca y el odio no me llevan a ningún lado. Prefiero sacar rédito de las malas experiencias. Ya que tuve que pasarlas, por lo menos que me sirvan para algo.
Voy a contarte una historia de mi niñez que pude sacar a la luz cuarenta años después en una charla con Eduardo, y que me está dando vueltas desde que supe lo de Sol.
Cuando tenía unos 6 años, un tío mío me toqueteaba. La primera vez no supe cómo reaccionar. La segunda, en el fondo de su casa, le dí un patadón en los tobillos y salí rajando.
Mi mamá nunca me creyó, y en mi mente infantil empezó a formarse la idea que tal vez “me había parecido” o que tal vez “no había sido para tanto”.
Cuando me casé no quise que este indeseable fuera a la fiesta, y me mantuve firme en mi decisión, y el indeseable se ofendió. Todos me echaron la culpa a mí de la ruptura familiar, y tardaron mucho en perdonarme. Pero me nefrega.
No fue precisamente una buena experiencia, pero se sobrevive. A veces creo que algunos de mis traumas sexuales posteriores se originaron allí.
Tal vez por mi propia experiencia, a mis hijos les creo todo. Y SIEMPRE me pongo de su lado. Pero entiendo que muchas veces, a los 18 años, necesitás tiempo para elaborar las experiencias. Trato de no forzarlos a hablar. Pero siempre les hago saber que estoy ahí, con la oreja abierta y la mente receptiva para cuando ellos quieran habar conmigo.
“A favor” de G., debo decirte que la vida no fue fácil para las mujeres de nuestra generación. En nuestra niñez nos grabaron a fuego un montón de estupideces y, cuando por fin las habíamos asimilado, nos dieron vuelta todas las reglas. Dejando de lado las mayores imbecilidades, como tener cuidado de besar a un chico so riesgo de quedar embarazada, hubo otras que quedaron en la nebulosa. Como por ejemplo que las mujeres no somos nada sin un Hombre (no un amante, no una pareja) al lado. El hombre era el jefe del hogar y, aunque nos hiciéramos las liberadas, la última palabra siempre le pertenecía. Sin escarbar demasiado, verás que la mayoría de las mujeres mayores de 40 actúan de esa manera (o por lo menos las que tienen contacto conmigo).
“En contra” de tu ex, no puedo admitir que la estupidez de una mujer llegue a extremos tan alarmantes.
Puedo entender que la bragueta de un hombre 15 años menor te haga sentir cosas que habías creído no volver a sentir. Que te rejuvenezca, que te de vuelta, que te ratonee. Pero no puede hacerte perder la cabeza. ¡Tenemos más de 40, no 15! Si a esta altura no aprendimos eso, es para largarse a llorar.
Es muy difícil ensamblar a un hombre dentro del grupo que formás con tus hijos una vez que te separaste. Creo que hay que ser muy cuidadosa al respecto. Y al tipo, como bien decís, le debe haber costado mucho bancarse a dos adolescentes sin poder abrir la boca.
Y definitivamente es mucho más sencillo decir que sí a todo y evitar problemas. El tema es que eso está reforzado por el medio, que les hizo creer a padres e hijos que los chicos tienen sólo derechos, y que los padres “los traumamos” cuando ponemos límites.
La familia por elección es siempre una elección unilateral, en la que los chicos no toman arte ni parte. Y que deben bancarse les guste o no. Y no creo que esté mal. Mis hijos no pueden decidir quién compartirá mi vida de aquí en adelante. Pero tampoco puedo yo hacerles vivir un martirio.
Si a eso le sumás que el susodicho en cuestión es un mediocre, o un infeliz, la situación se vuelve caótica.
Sabés bien que no soy interesada, pero después de los 40, para ratona estoy yo. No entiendo cómo una mujer profesional puede mantener a un zanguango, correr riesgos con sus hijos, laburar como una perra con una contraprestación tan escasa como tener un buen polvo por la noche.
Con respecto a vos mismo, creo que no tenés por qué ofenderte o enojarte porque ya G. no quiere que participes en su vida posterior a vos. ¿Por qué carajo debería presentarte a la nena o hacerte partícipe de su pareja? Nos guste o no, lo único que tenemos en común nuestros ex y nosotros son los hijos que hemos sabido parir. Y hasta ahí.
Mi ex no participa en las cuestiones de todos los días, porque sería ridículo y absolutamente impráctico. Conozco casos, y te aseguro que es un desquicio.
Sí deben participar en cuestiones serias, como me pasó a mí este verano, cuando debimos ir a psiquiatras y psicólogos y juntarnos más de una vez en un café para resolver qué hacer con mi hijo menor (el que nos arruinó aquel sábado, ¿te acordás?). Y aún en ese caso, yo seguí firme a lo que creía era lo mejor.
Pero en lo demás, desde que nos separamos cada quien hizo su vida. El tiene su novia desde hace 5 años, sus actividades, sus amigos, y yo lo mío. Yo no intervengo ni siquiera en la relación que el mantiene con nuestros hijos. Son ellos (mis hijos) los que deben decidir qué relación quieren tener con él. Él de vez en cuando (como vos, como cualquier macho que se considera “alfa”) trata de imponer sus condiciones, pero ya no se lo permito. Y eso es porque corté definitivamente mis lazos con él, como debe ser.
¿No será que no sólo G., sino tampoco vos, pudieron resolver ese tema? Tal vez suena un poco duro, pero fuiste vos el que me tiró la lengua (o los dedos en el teclado). Ahora no te quejes.
Y no es un problema de ser más o menos sensible (sabés perfectamente que yo la voy de dura pero soy un flan), sino de saber separar de una vez y para siempre las aguas del Mar Rojo.
Con respecto a Sol, lo que le tocó vivir fue muy duro, y tal vez, aunque logre superarlo, le deje secuelas para toda la vida. Pero por más que te duela en el alma, deberá ser ella quien aprenda a manejar su vida. A veces los padres tratamos de resolver todos los problemas de nuestros hijos, y pretendemos que no sufran. Pero la realidad es muy otra. La vida es de cada uno, y deberá vivir con lo que le toca. Sí es importante estar, pero no podemos cometer el error de pretender vivir por ellos o tratar que resuelvan sus inquietudes como lo haríamos nosotros, con 25 años más y unos cuantos golpes más dados contra la pared. Lo máximo que podemos hacer es tener siempre a mano una curita, para ponerle en las heridas y tratar de aliviar su dolor. PERO NADA MAS (no sé si lamentablemente o afortunadamente).
Y, en este orden de cosas, son tus hijos los que deberán decidir qué tipo de relación quieren mantener con su madre. Y estate seguro que pondrán las condiciones que ellos consideren pertinentes. Y no te hagas ilusiones, porque también lo van a hacer con vos. Y nos van a pasar facturas, y nos van a cuestionar, y nos van a mirar con lástima cuando no los entendamos. La única posibilidad que nos queda es hacernos cada vez más fuertes, más sabios, más firmes en nuestras convicciones para resistir los embates (¡pavadas!). Y cuando acertemos va a ser lo lógico, ¡pero cuando nos equivoquemos caerá sobre nosotros la ira de los dioses! ¡Qué laburo de mierda este de ser padres!
Perdón por lo extenso, pero me dejé llevar. No sé si querés incluirlo en el blog, o preferís dejarlo para vos. Hacé lo que mejor te parezca.
Y hablando del blog… acordate que tenemos pendiente juntarnos para que me enseñes.
Besotes
Patricia

Anónimo dijo...

G. es una puta. Vos sos una buena persona.